El susurro de la Reina

Roger Taylor es comúnmente conocido por haber sido el baterista de Queen. Quizás una de las bandas más emblemáticas del rock, en toda su historia. Hemos hablado de algunas de ellas, de formaciones tan excepcionales. El caso de Queen, es uno trágicamente particular. Sin dudas, tocar y haber compartido un escenario con quizás el mejor cantante de rock de todos los tiempos, hace que aún músicos de la talla de Brian May, John Deacon y el propio Taylor deban convivir a las sombras de un gigante.

La cuestión parece exponerse mucho más, cuando el camino solitario de los músicos se hace presente. ¿Podrían acaso recrear maravillas como Inuendo? Ni que hablar de la bohemia hecha rapsodia.

La respuesta es absolutamente negativa, pero a pesar de ello, la vara vuelve a nivel “humano”. A esa altura, “Electric Fire” de Taylor es un disco distinto, para cuando salió a la luz allá por 1998.

Nacido en el comienzo de la expansión de las redes, las comunicaciones, las modas; en si en el avance del mundo tal como lo conocemos hoy; “Electric Fire” es introspectivo, con una lírica enfocada críticamente en el modo de vida.

“Pressure on” abre de forma concreta, de la pesadez que generan en algunos perspicaces  el mundo moderno: “Siento la presión – Es una señal, es un signo – Es un síntoma de la época – Es una advertencia , es un medidor – Es una característica de la edad”. Le sigue un tema que nos hace recordar los riff pesados de May: “A nation of hair cuts”, una acida critica a la moda al recomendar que “no te muevas demasiado rápido-podrías estropear tu peinado-no existe ningún punto de vista-en una nación de cortes de pelo”.

“Surrender” sorprende por su ritmo de rock industrial, crudo, pero de repente interrumpido por la dulce voz de una mujer. Tristemente parecería ser la voz de la conciencia de una mujer golpeada. Finalmente, “Whispers”, una hermosa pieza con influencia de western rock pero algo más oscuro e íntimo.

El anteúltimo disco de Taylor no se parece nada a ninguno de aquella Gran Reina Británica. Los noventas nada tienen que ver con aquellos tiempos. Quizás es justamente lo que Roger nos quiso decir.

 

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