Guitarras sucias y noches de aguardiente

Entre el hard rock, el lo-fi y la psicodelia podríamos encasillar a los californianos Fuzz. Riffs cochinamente sucios, vocales andróginas (y con muchas noches de cigarros y alcohol encima) y baterías que por momentos explotan son todo lo que se necesita para crear la fórmula mágica. Una vez que se mezcla todo obtenemos un cóctel con mucha pólvora y dispuesto a incendiarse con violencia ante el más pequeño chispazo.

Exactamente la clase de música que podríamos esperar escuchar en una pelea todos-contra-todos de un bar de motoqueros en el sur de EEUU.

 

 

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