Los ecos infinitos de Astor Piazzolla

Es imposible ser novedoso respecto a Piazzolla, porque fue el que trajo innovación al clásico tango. Esta vez, empezamos por su obra más elevada. Pieza que es el comienzo de un disco exquisito “Astor Piazzola y su Quinteto, Adiós Nonino” de 1969.

La muerte de su padre lo sorprendió en un piso de Nueva York donde vivían con su familia. Su hijo Daniel observó que Astor se encerró en la cocina, con su bandoneón. Semejante angustia, imágenes tras imágenes que rebotaron en su cabeza. Lágrimas. Sonidos. Quizás también un poco de bronca. Una queja al más allá sobre la inexplicable realidad de una partida con final incierto. Hasta la paz, el regocijo de haber vivido, de haber experimentado esa relación de padre e hijo. Donde ya no importan los por qué; solo las gracias infinitas; de haber cruzado ambas vidas aunque sea solo un instante, en el infinito. Todo eso es Adiós Nonino. Un adiós, para recordar alegrías con melancolía.

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Otoño Porteño, empieza con una “lija” o “chicharra” de violín y movimientos de bandoneón muy pesados que enseguida captan la atención. Su título nos transporta a un Buenos Aires algo frío, con palomas revoloteando, y un ruido incesante de hojas secas al quebrarse.

Mas sensaciones llega al sonar “Coral, Silfo y Ondina”” donde se distingue la parte orquestra y la parte solista. Probablemente sus musas fueron esas entidades vinculadas al aire como los silfos, y las ondinas que según obra en textos medievales provienen del agua.

Fugata, es una fuga (una composición donde se superponen melodías con diferentes tonalidades). Cada instrumento se va acoplando, de a poco. Bandoneón, violín, guitarra eléctrica y  piano; resultando en una hermosa melodía cuando suenan en conjunto. Al cerrar la pieza, el tiempo se va acabando lentamente con un glisando.

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Soledad, una composición que nubla la vista evocando imágenes en sepia de momentos vividos con ciertos grados de amargura. Lo amargo de la experiencia del dolor. Lo amargo de la felicidad pasada que nunca ha de volver. Final, es una continuidad de Soledad, pero con el correr de los minutos el tema se vuelve frenético, con un piano bien al frente.

El disco merece exclusividad, para entender toda su dimensión. Por los detalles, por los sonidos que le aportan sorpresa a cada creación. Es música ciudadana nacida en las costas marplatenses que hoy sigue sonando en todo el mundo.

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