Melodías para conectar y sanar

A veces me pasa que me aturdo de tanta música, de tanta información contenida en un disco o en un tema. Esa sensación es horrible, en esos momentos siento como si ese hilo invisible que me conecta con la música se rompe. Como reflejo me escondo por un rato de los sonidos. Es cierto que ese hilo por lo general se mantiene tenso, afinado y siempre funciona como canal directo entre mi sensibilidad y la sonoridad.

Cuando me aturdo necesito reencontrarme con el sonido, buscar algo que me vuelva a conectar con ese hilo y precisamente eso fue lo que me pasó cuando escuché a Ale Marasso. Un correntino que con su voz abraza los arpegios de su guitarra, su música está repleta de armonías que envuelven la canción y la protegen de todo ruido, generando un sonido que no pide permiso para pasar a tus adentros.

Sus canciones invitan a bailar con movimientos sutiles en el lugar, a pensar en la música como instrumento de navegación. Pienso en palabras como: “suavidad”, “sencillez”, “armonía”, “silencio” y “encuentro” para describir el arte de Marasso. Al día de hoy, habiendo pasado por varios proyectos (“Los Músicos de Bremen”, “La Buena Violencia de la Mente”, “Ale Marasso y Los Camalotes”, entre otros) se consolidad en su provincia como uno de los principales solistas representantes del indie rock. El Eco de los patios, su ultimo trabajo (2016) y Siesta (2014) son su carta de presentación que nos obligan a seguir de cerca a este correntino con ganas de hacer algo nuevo, algo fresco.

 

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