Todo tiempo posible

Frecuentemente la alineación de planetas está relacionada con secuencias fatídicas para la humanidad. Eventos temporales de gran conmoción. Diluvios, incendios infernales, terremotos. Sin embargo, cuando nos referimos a planetas psicológicos, encarnados en personas signadas por un descomunal talento; lo fatídico se vuelve milagroso. Crucis fue una excepción, en el devenir histórico del Rock Nacional.

Después de varias presentaciones en la ciudad, allá por 1974; la primer agrupación de Crucis Gustavo Montesano (guitarra y voz), José Luis Fernández (bajo), Daniel Frenkel (batería) y Daniel Oil (teclados); ya cautivaban a un público que iba creciendo en cantidad.

Fernández deja la banda para ir a La Máquina de Hacer pájaros -proyecto de rock progresivo de Charly García-; pero esta baja generó el cimbronazo para que Pino Marrone se sume al proyecto en la guitarra, Montesano pase al bajo, Anibal Kerpel al teclado; y luego de un fortuito encuentro en un colectivo,  Gonzalo Farrugia (ex miembro de la gran banda progresiva uruguaya Psiglo) a la batería.

1976 fue el año del lanzamiento de su primer álbum (Crucis); disco que fue grabado en dos sesiones en vivo, bajo la supervisión de sonido y programación del sintetizador moog  hecha por Charly García y producido por el gran Jorge Álvarez  del sello Mandioca.

Siete piezas lo componen. Es un disco con temas de gran poder, donde sobre sale el lado más progresivo de la banda. “Todo tiempo posible”, de apertura con cortes, teclados y una destreza de Farrugia en batería, que golpea de inicio.  “Corto Amanecer”, con seis oraciones acerca de una violación que adornan un tema con densas interrupciones de riff y notas de teclado.

Los comienzos de “La triste visión del entierro propio” es la fase más sinfónica de la banda en este disco; con unas melodías de teclado que nos transportan a un umbral etéreo casi al instante. “Irónico ser”, es la pieza más pesada. En ella se puede comprobar la potencia de Marrone y su simbiosis con la potente pegada de Farrugia. “Determinados espejos”, de alguna manera preanuncia al segundo disco de Crucis, dado que es muy parecido al sonido de “Los Delirios del Mariscal”; un estilo cinematrográfico como ellos mismos los definieron. En este tema, se puede sentir es esplendor y la capacidad de Montesano, Farrugia y Marrone, sonando en conjunto. Una explosión.

El cierre del disco, “Recluso artista”, tiene unas partes realmente cósmicas. Quizás indicio acerca de los que dicen quienes estuvieron presentes en sus shows dados en el Luna Park; afirmando que había parte del público “entraba en trance” con su música.

Semejante obra, hizo que sea el propio Charly García quien se ofrezca para producir el segundo y último disco de la banda: el mencionado Los delirios del Mariscal. El arte de tapa, hecha por el artista Juan Orestes Gatti (de muchos trabajos en el rock nacional, como por ejemplo Artaud de Spinetta) y mezclado en los Estados Unidos; tuvo un reconocimiento extraordinario por la calidad de sonido alcanzada.

“No me separen de mi”, es la primera de las 4 piezas musicales que tiene el disco; con unos pasajes de sinto que sobrevuelan la estratósfera entre la limpísima ejecución de la batería. “Los Delirios del Mariscal”, con una duración de 10.03 es un tema instrumental que pasa por diversos climas, culminando con una atmósfera progresiva-sinfónica. “Pollo Frito”, instrumental con partes de solos de guitarra y batería apelando a un jazz-pro. “Abismo terrenal” despide al disco más profesional de Crucis con 12 minutos de rock sinfónico, donde abunda el moog y el sinto; con efectos de reverb finalizando con un solo por cada instrumento. Una hermosa manera de despedirse para siempre.

Para siempre, dado que después de Los Delirios, Crucis se separa. Los miembros aducen desentendimientos en cuestiones comerciales. Pero de todas formas, más allá de sus motivos, como todo evento espacio-temporal, es solo un momento. Porque después aquellos planetas alineados se separan lentamente, volviendo a sus movimientos de rotación individuales.

Montesano graba en el 77 con los miembros de Crucis y otros artistas como Pedro Aznar, Nito Mestre, Charly García y José Luis Fernandez, el disco “Homenaje”; siendo prácticamente un tercer disco de Crucis. Posteriormente se va a España donde con otra funda el grupo Tecno Pop Olé Olé.

Farrugia se traslada a México, donde termina como integrante de la Banda Municipal de Tijuana. Es el único de los integrantes de Crucis, que desgraciadamente falleció en 2009.

Anibal Kerpel se trasformó en uno de los Ingenieros en producción y sonido más importantes de la región; trabajando con otro argentino; Gustavo Santaolalla en la producción de bandas como Café Tacuba, Molotov, Maldita Vencindad. También en cine.

Pino Marrone se trasladó a Los Ángeles, donde se incorporó como profesor de guitarra en una prestigiosa academia; e incluso unos de sus discos de jazz fue preseleccionado para un Grammy.

Apelando al misticismo, ante todo eclipse, viene a la memoria esta experiencia absolutamente única llamada Crucis.

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