La nueva música clásica y los confines de la creatividad

Ahora hay como una nueva versión de la música “clásica”. Así como hasta el día de hoy perdura la cultura de reinterpretar y crear nueva música clásica (hablamos de géneros con más de un par de siglos de antigüedad en algunos casos), yo entiendo que hoy hay bandas que interpretan géneros que representan una nueva ola de música clásica, aunque seguramente el mote sea difícil de asimilar en algunos casos. Pero es verdad.

En el pasado, antes de la explosión de las tecnologías de la información, la propagación del arte era muy muy lenta. Algunos géneros incluso estaban reservados para oídos selectos, mientras que otros eran propios del vulgo. No había un soporte para su difusión, la única forma de reproducir los sonidos era en vivo y en directo. Esto hizo que la música evolucionara lenta (pero segura) y que nos refiramos a un período que abarca varios siglos con una sola denominación: clásica. Cualquiera puede argumentar que esto aplica solo para el período del clasicismo, pero en la práctica y para todos es así: escuchas un fragmento con orquesta y automáticamente es clásica.

Pero si traemos todo esto a la actualidad, donde hoy en día cualquier persona con acceso a internet tiene la posibilidad de escuchar virtualmente todo lo que se haya grabado, nos damos cuenta de que ya no son necesarios siglos para que la música llegue a todo el mundo y se vuelva parte de la cultura. Es por eso que estoy convencido de que una banda que hoy en día escribe canciones de rock psicodélico (creado hace 50 años solamente) puede considerarse una banda de música clásica. Y eso por mencionar solo un género, hoy pululan también quienes hacen shoegaze o sinthpop, y esos son mucho más nuevos pero igual de clásicos. La definición de la palabra es “Que se considera como modelo digno de imitación en el arte o la literatura”. Y muchísimas agrupaciones e intérpretes geniales de hoy en día se pueden encasillar en esa descripción sin remontarnos siglos a los orígenes de sus sonidos.

Esto tiene dos caras, que no necesariamente son positivas o negativas, sino simplemente dos ángulos para enfocar un mismo fenómeno:

Por un lado, tenemos gente reinventando de forma magistral géneros que habían sido olvidados o dejados de lado por las últimas generaciones. Los más grandes suelen quejarse diciendo que están haciendo lo mismo de siempre. En algunos casos tienen razón, en otros no. Hay multitud de sonidos que han sido perfeccionados y modificados, algunos hasta convertirse en géneros nuevos con identidad propia.

Pero por el otro lado, hay muchísimos artistas reinventando la rueda en lugar de acercarse a lugares nuevos y frescos. Vivimos un momento donde la cultura está más difundida que nunca, pero al mismo tiempo es un momento donde la gente no presta tanta atención a lo nuevo. Lo “clásico” entra más fácil: lo escuchabas de chiquito, lo ponía tu abuelo tu vecino o tu mamá. Cuando un sonido similar te llega, a tu cerebro le resulta fácil asimilarlo y quererlo. Pero en contrapartida, cuando un sonido nuevo llega, es desconcertante: para los que buscamos descubrir, es reconfortante, pero para mucha gente resulta desconcertante.

Entiendo que vivimos una época donde todo se revoluciona cada diez años, lo que nos hizo perder la capacidad de asombro, donde podemos saber todo y no conocer nada, donde nace una necesidad de adaptarnos a entornos que cambian en un abrir y cerrar de ojos.

Tal vez sea algo pasajero y pronto todos empecemos a crear y abrirnos a cosas nuevas. Yo no le creo nada a quién dice que ya todo está inventado, la frontera que nos separa de las cosas brillantes se aleja a medida que las vamos descubriendo.

Nunca dejemos de inventar, nunca dejemos de soñar, nunca dejemos de crear.

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